CARLOS-GARRIDO.COM
ÁLBUM PERSONAL
| Nací en Barcelona el
año 1950, pero he vivido una parte importante de mi vida en las islas Baleares, adonde me
trasladé el año 1976. Eran los tiempos del post-sueño hippie y la utopía de una vuelta a
la naturaleza y el paisaje. Las Islas ofrecían una alternativa a la vida crispada de la
gran ciudad. Una manera diferente de vivir y sentir. Algo que, desgraciadamente, está a
punto de desaparecer.
Allí trabajé como redactor de mesa en el "Diario de Mallorca", donde además en 1981 comencé a escribir una columna diaria titulada "Punto". Era una forma de conjugar la observación cotidiana con los sucesos de actualidad, y también una compensación a la pesadez de tantas horas sin moverte de la Redacción. |
Mi primer contacto con el mundo de los libros. Tenía menos de un año (noviembre de 1951). ¡Era a mediados del siglo pasado! |
| Llegué a ser subdirector
con Xim Rada, gran periodista pero a la vez director de cierto temperamento. Sus rasgos de
genio eran temidos por toda la Redacción. Si no le gustaba una página, rompía las fotos
y tiraba airadamente los originales a la papelera. Ello nos obligaba a pasar algunas
páginas de matute. Por ejemplo, debajo del jersey de algún redactor que bajaba a
talleres. Lo malo es que en cierta ocasión, el redactor se olvidó de su
"cargamento". Y cuando llegó a su casa de Llucmajor, ¡pof!, se encontró con
la primera página en el suelo. Todos los que trabajamos con Xim Rada aprendimos a cuidar
la rigurosidad en las noticias, pulir los titulares, y dar importancia sólo a lo que
realmente es importante. A pesar de su mal genio, creó escuela.
Septiembre de 1985. Comida de despedida a Xim Rada como director del Diario de Mallorca. Jordi Bayona, Xim Rada, yo de pie y pronunciando el discurso, y a la derecha Andrés Ferret. |
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| Después de diez años en el "Diario de Mallorca", en 1986 me pasé a la competencia. Dirigí la primera época del dominical "Brisas", editado conjuntamente por "Ultima Hora" y "Baleares". De allí surgió la "Gran Enciclopèdia de Mallorca", un instrumento básico para el conocimiento de la historia y el presente de la isla. Mientras tanto, seguía publicando en "Baleares" un artículo diario, ahora llamado Chip". La esclavitud y el placer de la escritura diaria me acompañaron hasta 1997, cuando acabó la sección. | |
| De la redacción de
"Baleares" recuerdo especialmente la entrañable figura de Jaime Jiménez, que
parecía un periodista de película americana. Cuando se moría algún personaje
importante a la hora del cierre, se mesaba las barbas con desesperación. "¿Pero es
que este infame cornudo no podía morirse otro día?", gritaba arrastrando los
teletipos. Otro personaje del que todos pudimos aprender fue Josep Mascaró Pasarius, que lo era todo al mismo tiempo: cronista, crítico de arte, geógrafo, historiador, filólogo, fotógrafo, arqueólogo, viajero por tierras exóticas, fabulador... Su figura de rabino estaba acompañada por un gran sentido del entusiasmo. El demostró que lo más importante de todo es apasionarse por lo que uno hace. Su obra de autodidacta es inmensa. Y en ella late todavía el sabor de la ilusión.
Con uno de mis grandes ídolos: Eric Burdon, cantante de The Animals, en 1980 (foto: Lorenzo).
También sigo aprendiendo mucho del ilustre Cristóbal Serra. Escritor y sabio de saberes raros. Después de muchos años de permanecer ignorado, metido en el mundo de la Biblia, la asnología y los conocimientos ocultos, el público ha terminado por reconocer la valía de su obra. Aunque siga siendo minoritario, como era su propio deseo. Cristóbal ha ejercido de maestro para varias generaciones. Siempre un poco socrático, descreído de sí mismo, irónico e intelectualmente picarón. Su manera de vivir la literatura es un gran ejemplo en estos tiempos de famas y triunfos de pacotilla. Otro recuerdo agradecido a Juan Bonet. Sus artículos suaves y humorísticos en "Baleares" hicieron época. Sin embargo, después de su muerte le ha cubierto el velo injusto del olvido. Es la grandeza y la miseria del trabajo periodístico. Todo se acaba quedando en papel viejo.
Juan Bonet presentando en 1987 mi novela "Voy al Tibidabo". El escenario era casi tan alucinado como el libro: una exposición de retratos de María Callas |
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En 1990 decidí trabajar como independiente, un
poco cansado de la mecánica de los cierres y las redacciones. Escribí y dirigí algunas
series para TVE en Baleares, como "Mallorca mágica", "Menorca
mágica" o "Palma antiga". La tele era muy divertida. Pero tu trabajo se
esfumaba en trece minutos, y no podías releerlo o llevártelo a la cama como se hace con
los libros. Escribí varios libros que ya salen en otro apartado de esta Web, y me lo pasé muy bien dando talleres de escritura creativa en la Universitat Oberta de les Illes Balears. No sé si los alumnos aprendieron a escribir, pero nos hicimos muy amigos.
En la necrópolis de Son Real, otoño de 1987 durante el período en que escribía "Mallorca mágica" .
Durante dos años, dejé de escribir en periódicos para dedicarme al proyecto de la Arqueoguía de Cataluña y Baleares. En ese trabajo conté con el apoyo y la amistad de Vicenç Sastre, junto con el que viajamos por toda Cataluña y gran parte de España. A la busca de monumentos arqueológicos. El material que aparece en la Arqueoguía es sólo una pequeña parte de todo lo que pudimos visitar. El entusiasmo y la curiosidad insaciable de Vicenç convirtió aquella experiencia en uno de los períodos más apasionantes que recuerdo. De pueblo en pueblo, de montaña en montaña, buscando dólmenes, poblados ibéricos, pinturas rupestres, caminos romanos. A veces, hacíamos un alto en las excursiones y nos preguntábamos cómo tanta gente se interesa por vestigios del pasado como los que se conservan en Grecia o Egipto, y sin embargo ignora conjuntos impresionantes, llenos de magia y misterio, que tenemos al lado mismo.El final de la Arqueoguía coincidió con un momento muy difícil de mi vida, marcado por la enfermedad y la muerte de mi hija Alba. Después de un año sin apenas escribir, busqué un sitio especial para sentir el duelo. Fue así como regresé a L'Escala (Girona) y las ruinas de Empúries, lugares que conocí cuando era un niño y que desde entonces quedaron grabados en mi memoria. Probablemente, gracias a ellos he sentido siempre interés y fascinación por el pasado.
A principios del año 2000, regresé de nuevo a las colaboraciones en periódicos. Concretamente, en el suplemento Fora Vila Verd de "El Mundo/El Día de Baleares". Después de tantos años de artículos cortos, quería cambiar la fórmula. Ensayar otro tipo de máquinilla literaria. Comencé a experimentar con artículos más largos, a veces algo cubistas, en los que varios temas se cruzaban entre sí. Sin que necesariamente hubiera una estructura discursiva. Fue el período de "El cuaderno de Ulises" y "Como en un espejo". Durante este tiempo, logré alternar mi vida entre las Islas y Barcelona. Dos aspectos que finalmente dejaron de autoexcluirse para llevarse bien. En diciembre del 2000, cumplí 50 años. Escogí esa fecha para dar otro paso vital de importancia: recuperar la música. Desde los 13 años, la guitarra formaba parte de mi vida pero siempre de una forma marginal y algo inconfesable. Pero en aquel momento decidí que ya era hora de rescatar esa parte escondida, tan llena de historias y canciones. Hacerla realidad. Así nació "La guitarra platónica", un monólogo musical del que se habla en otro apartado de esta Web.
Presentando ante la prensa en noviembre del 2001 "La guitarra platónica" en el Teatre del Mar (foto: S. Llompart).
Otro cambio importante tuvo lugar en septiembre del 2002. Después de la friolera de 16 años, volví de nuevo a las páginas del "Diario de Mallorca". En cierto modo, me sentí como si no hubiera salido nunca de ellas. Era como regresar al lugar donde me había formado como periodista, pero desde el punto de vista apacible de la madurez. Ya con una historia detrás y una treintena de libros en el bolsillo. Allí mantengo secciones como "El corazón de la ciudad", "Química pura" o "Memorias de Diario de Mallorca", coincidiendo con el cincuentenario del periódico. Con
la distancia que dan los años, contemplas tus escritos como si fuesen algo ajeno. Lees
algunos párrafos y no te reconoces en ellos. Porque hay una parte secreta, autónoma, en
tu personalidad que es el "yo escribiente". Y no siempre coincide con el otro
"yo actuante", el de cada día. Recuerdo la época en que vivía en un piso de
Palma que tenía un gran balcón. Allí estaba la mecedora, donde me gustaba pasar mucho
rato pensando. Algunas noches de viento, veía desde el comedor como el balancín se
movía solo, como si lo ocupara un personaje invisible. Y pensaba: "mi yo escribiente
trabaja por mí". Tal vez era cierto. Conforme pasa el tiempo, más misterioso parece todo. Más te sorprendes de haber conocido, visto, escrito. Más pequeñito y lejano te contemplas. El escritor no deja de ser un obrero de la imaginación. Una abejita en la enorme colmena de la historia. Cuanto más fatuo, presuntuoso y oracular se presente, más patética resultará su dimensión real. Me gusta tocar rock and roll porque desmitifica esa solemnidad absurda del "intelectual". Te ríes de ti mismo, das argumentos a los que piensan que "no eres serio", y además conectas con el adolescente que sigues siendo. Te sientes vivo.
Rock and roll en el auditorio de sa Nostra, en junio del 2003 (foto: Centrofoto). En cierta manera, me siento periodista no en cuanto escritor de periódicos, sino por la voluntad de conseguir un público lo más amplio posible. En estos tiempos de voracidad por el éxito, el poder y el dinero, he llegado a la conclusión de que lo más importante es la humanidad. El contacto con ese estrato intemporal (tan presente por otro lado en obras de la antigüedad) que une a todos los hombres a través de cuestiones universales como el sentido del destino, el valor de la muerte, la importancia del amor, el sufrimiento. De ello surge una actitud vital más bien ensimismada, ajena a las ambiciones coyunturales, quizás algo ensoñativa con las cosas antiguas. Me
gusta recordar la frase de Terencio: "Soy hombre, nada humano me es
ajeno". |
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